Comisiones que no comisionan (hasta que los números dan)

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Glosa:


En la Asamblea, las comisiones parecían una quimera: reuniones, selfies, ruedas de prensa… y nada concreto. Hasta que, de pronto, la calculadora política cuadró y se “descubrió” el consenso: 13 comisiones salieron del congelador por acuerdo vespertino; las de Credenciales y Gobierno sí tuvieron que sudar votos en el Pleno.

Dicen los pasillos que el regateo no era por agendas, sino por sillones y visibilidad; la prueba es que, cuando aparecieron los 43 votos y las 3 abstenciones, el humo blanco llegó en minutos. La semana siguiente tocó instalar Presupuesto y repartir presidencias: menos épica, más aritmética.

El país toma nota: cuando la presión sube y la opinión pública mira, el Legislativo sí puede moverse. ¿Lección? La gobernabilidad en Panamá no es falta de tiempo, es falta de incentivos; cuando éstos aparecen (o la presión aprieta), el tablero se ordena. Mientras tanto, el inventario de proyectos esperando “prohijamiento” sigue recordando que el reloj legislativo ha sido más político que programático.

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