Opinión:
La Autoridad del Canal de Panamá planea licitar en 2026 la construcción y operación de dos puertos dentro de su zona de influencia. El movimiento es estratégico: el hub logístico panameño necesita más capacidad de transbordo, almacenamiento y valor agregado para retener carga y capturar cadenas que hoy se desvían por costos, tiempos o restricciones hídricas.
La oportunidad es enorme—más empleo, más servicios, más ingresos—, pero el éxito dependerá del diseño de la licitación: reglas claras, competencia real, exigencias de desempeño, matrices de riesgo equilibradas y estándares ambientales de primera línea. Ojo con tres puntos: 1) Agua: cualquier ampliación logística debe convivir con la prioridad hídrica del Canal; 2) Gobernanza: contratos robustos, transparencia y trazabilidad de inversiones; 3) Conectividad terrestre: si la carretera, el ferrocarril y la ventanilla única no acompañan, el puerto pierde ventaja.
Hecha bien, la dupla portuaria puede relanzar a Panamá como plataforma de nearshoring y logística verde; hecha a medias, puede ser infraestructura subutilizada. La diferencia la marcarán los pliegos, la fiscalización y la ejecución.






